Si algo queda claro desde el primer episodio de On This Day… 1776, es que no estamos viendo una serie histórica tradicional. No hay filtros sepia, ni esa solemnidad tipo documental de domingo por la tarde. Aquí la apuesta es otra: hacer que 1776 se sienta… contemporáneo.
La serie, producida por Darren Aronofsky a través de su estudio de IA, reconstruye los eventos clave de la Revolución Americana en formato episódico corto. Cada capítulo funciona como una cápsula narrativa que sigue momentos específicos: desde decisiones políticas hasta escenas simbólicas como George Washington levantando la bandera en Prospect Hill.
El twist está en cómo se cuenta la historia.En lugar de sets, actores en pantalla y producción tradicional, la serie mezcla:
El resultado es una especie de experimento visual que intenta responder una pregunta simple pero incómoda: ¿Qué pasa cuando el cine deja de ser completamente humano?
La narrativa también juega con un formato interesante: los episodios se lanzan siguiendo el calendario real de 1776, como si el espectador estuviera “reviviendo” la historia en tiempo real, pero 250 años después.
Suena ambicioso…y sí lo es. Pero también es donde empiezan los problemas.
Porque aunque la intención era crear una experiencia inmersiva, muchos espectadores se toparon con algo distinto: rostros hiperrealistas pero extraños, expresiones que no terminan de encajar y una sensación constante de estar viendo algo… ligeramente roto. Ese “casi humano” es justamente lo que define la serie. Y también lo que la convirtió en tema de conversación.
Mientras buena parte de Hollywood sigue firmando cartas contra el uso de inteligencia artificial, Aronofsky decidió hacer lo contrario: usarla como eje creativo.
No como herramienta secundaria, no como apoyo…sino como protagonista.Y ahí es donde se encendió todo. El director, conocido por películas como Black Swan o The Whale, lanzó este proyecto bajo su estudio Primordial Soup, una compañía enfocada en integrar IA al storytelling.
La intención era clara: explorar el futuro del cine, pero el problema real fue la ejecución. Desde su estreno, la serie recibió críticas bastante duras. Algunos medios la describieron como incómoda de ver, señalando que los personajes tienen “miradas sin vida” y movimientos faciales que no coinciden con las voces.
Hay críticas que la califican como un experimento fallido, señalando que el resultado se siente artificial, torpe y emocionalmente vacío. Incluso hubo quienes la consideraron un ejemplo de lo que podría salir mal si la industria adopta la IA demasiado rápido.
Pero la polémica no se queda en lo visual, ya que también toca temas más profundos: ¿Qué pasará con los trabajos creativos? ¿En dónde queda el rol del actor? y la pregunta más directa: ¿Es esto innovación o reemplazo?
Aunque la serie utiliza voces de actores reales afiliados a sindicatos, no queda del todo claro cuánto control humano hay realmente en el resultado final. Y eso, en una industria ya tensa por el tema de la IA, es gasolina pura.
Si On This Day 1776 fuera solo una serie más, probablemente ya habría pasado desapercibida. Pero no lo es, ya que uno de los puntos más comentados es ese efecto raro donde algo parece humano… pero no lo es del todo.
Rostros que cambian de textura, miradas vacías, gestos que no terminan de sincronizar. Ese pequeño error constante es lo que hace que la serie se sienta inquietante más que inmersiva.
Más que una producción sólida, muchos la ven como un demo reel tecnológico y una prueba de concepto para ver hasta dónde puede llegar la IA en narrativa audiovisual. Y en ese sentido, sí funciona. Pero como producto de entretenimiento… es otra historia.
Las opiniones se encuentran muy divididas, no importa si es buena o mala, literalmente la IA ya no es una tendencia pasajera,
Más allá de si la serie es buena o mala, hay algo que no se puede ignorar: Esto ya empezó y la IA no es una tendencia futura. Es una herramienta que debería realmente de ser un apoyo para la creatividad, no reemplazar a los creativos.
Y proyectos como este, incluso con todos sus errores, están marcando el terreno. Porque si algo queda claro es que la tecnología va a mejorar y rápido. Y cuando lo haga, la conversación ya no será si se puede usar IA en cine… sino cuánto.
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